Siempre me equivoco, pero nunca miento

Estás cansado. Mas estás exhausto. Continúas, caminas, pero no avanzas. Más rápido se vuelve más despacio. No importa cuánto te esfuerces, cuanto luches por ello, cuanto creas conseguir al respecto. Siempre habrá un paso más que dar, inesperado, todavía más difícil que el anterior, mas desesperanzador, un reto mayor.

Pero no te confundas. Pues ésa es la recompensa.

Párate y respira. Mas siéntate y admira. Que en derredor es todo pura vida.

Descálzate. Las botas pesan. Deja que el viento meza la hierba entre tus dedos. La cabeza cae, suave, hacia atrás; el sol a tu espalda, ahora al revés, te ilumina la cara. Todo el peso a hombros y codos clavados en la hierba. Cierras los ojos, rojos. La fría oscuridad es ahora una cálida bienvenida. Puedes ver la luz aún sin mirarla. El cuerpo se calienta a través de los huesos, el alma por los ojos.

Incluso el viento parece callarse por un momento.

bosque-verde,-hierba-171870

Siempre me equivoco, pero nunca miento.

El silencio se ensancha y se arrastra entre el suelo y el ramaje, conducido, casi guiado. Lo tienes todo. Una pregunta se estrella en el silencio. Lo revienta; se cae en pedazos como trozos de cristal que titilan en el suelo contra las puntas de la hierba:

-¿Y si mañana se acabase el mundo?

… ¡¡Bum!!, palpita, inconexo. ¡¡Bum!!, late, y vuelve a latir. ¡Bum…! Resuena, roto, el silencio.

Te yergues sin tú moverte. Te alzas sin levantarte. Brazos y piernas: Un suave remolino. Tronco endeble: Flexible. Te estiras, y el susurro del viento acompaña el movimiento. Tu cuerpo desalienta, Dice: Gracias. Por los poros, por los pelos.

Solo el viento escucha esas palabras. Solo, te mueves en el tiempo.

Avanzas.

Imparable: Contento. Ahora reinas sobre la hierba. La hierba se convierte en tierra, en piedra, en ramas, en hojas secas. La luz se despide, a retazos de hojas verdes sobre copas altas. La tierra es húmeda. La brisa cede a tu avance.

¡Corre!

Y corres. No lo haces tú. Lo haces Tú.
La luz, atrapa un pedazo de tu brazo como una columna de gloria caída del cielo. Las raíces te apoyan, las zarzas son tu rasgo. La piel quebrada, el alma intacta. Y corres. Arriba, abajo, arriba. Pendiente de ti; Pende, de ti: la esperanza. Así avanza. Descalza. El cuerpo tenso, el alma descansa. La sombra infinita se acaba. La luz se clava, la roca en punta. La tierra infinita se acaba. El viento escapa, ondea tu capa.

¡Vuela!

El mundo es tuyo. El viento te sostiene, hacia abajo. Un sonido sordo que desciende, y la tierra que vuelve. Eres la muerte que desciende, el corazón latente. Ella nunca se equivoca, pero a veces miente. Una respuesta rompe la caída.

– Hoy voy a vivir.

Nunca me equivoco. Pero a veces miento.

escalada4

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s